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Conocer nuestro porvenir ha sido siempre uno de los anhelos del ser humano. En este sentido, el desarrollo de las nuevas tecnologías satisface –por momentos– nuestro ansia por descubrir y adelantarnos a lo que será, aunque sin tener nunca una verdadera certeza. La movilidad hoy en día se encuentra en un proceso de transformación constante que está reconstruyendo la relación que tienen los individuos con sus ciudades.

Numerosas alternativas de transporte aparecen y desaparecen, las calles se transforman para dar cabida a todas ellas y, mientras, nosotros buscamos nuestro sitio para adaptarnos a la jungla del asfalto. En todo este panorama, el coche urbano juega un papel fundamental en una historia que le tiene reservado un rol protagonista. Sus particularidades hacen de modelos urbanitas como el Hyundai i20 un vehículo pilar en la movilidad del presente. Pero sus novedades tecnológicas ya nos adelantan algo sobre lo que será la smart city que está llamando a nuestras puertas.

¿Cuáles son las primeras piedras que ya ha incorporado el coche utilitario en la construcción de nuestras ciudades del mañana? ¿Hacia dónde nos llevarán las tecnologías que hoy disfrutamos?

Una ciudad que gestione nuestro tráfico urbano

Esta es una de las primeras conclusiones que podemos extraer de las tecnologías actuales que se están incorporando en el mundo de la automoción. La necesidad de descongestionar el tráfico –más si cabe con el progresivo y continuo crecimiento poblacional– obliga a establecer nuevas políticas desde el punto de vista administrativo.

El coche conectado es una realidad y se presenta como una solución ante esta deriva en la gestión del tráfico urbano. Las tecnologías V2V (Vehicle to Vehicle) y V2X (Vehicle to Everything) ofrecen fórmulas basadas en el comportamiento del peatón: acelerar y desacelerar pero evitando las detenciones. Para ello, resulta indispensable la comunicación entre vehículos: que estos intercambien información sobre su posición, velocidad y dirección.

De esta manera, es posible organizar una coreografía en las calles que impida esperar largas colas en semáforos o en las entradas a las rotondas. ¿Y qué necesitamos para ello? La conexión estándar WiFi y la llegada del 5G son los pasos en corto que ya está dando el coche urbano hacia el futuro. Pero la smart city no puede asistir a este evento como un mero espectador. Su papel también es activo y, sobre todo, comunicativo. Ahí es donde entra en juego la tecnología C-V2X (Cellular vehicle to Everything) que es la que permite la conexión del coche con la smart city y todo su entorno.

Hyundai y NVIDIA de la mano hacia el futuro

El futuro se acerca con plataformas como la que recientemente se ha anunciado por parte de Hyundai Motor Group y la compañía NVIDIA. Una colaboración para aportar servicios de conectividad e inteligencia artificial para todos los modelos conectados de Hyundai gracias a NVIDIA DRIVE. Con esta plataforma, será posible recopilar una gran cantidad de datos generados por el propio vehículo y su red de sensores para, luego, ser compartidos con el resto de usuarios y distribuir mejor la circulación en sus cercanías.

Una ciudad donde la seguridad esté por encima de todo

Con respecto a los infinitos aspectos que ofrece la conectividad, hay uno de especial interés. Si los coches se comunican, ¿podrían diagnosticarse a sí mismos sus propias averías? El registro y almacenamiento de la enorme cantidad de datos generados por el vehículo ofrecen la posibilidad de ser distribuidos de forma ordenada a cualquier individuo, ya hablemos de usuario, smart city o carretera. Las visitas al taller se agilizan y la seguridad vial se incrementa cuando el propio vehículo ofrece al taller mecánico información diagnóstica de posibles averías y errores en el sistema. Se trata de una solución que reduciría considerablemente el fallo mecánico como causa de accidente de tráfico.

Pero donde quizá esté la piedra de toque del futuro de la smart city sea en la realidad aumentada. Una tecnología que ya empiezan a incorporar muchos modelos urbanos como el Kona Híbrido en su Head Up Display. Y que, sin lugar a dudas, se ha convertido en uno de los mejores asistentes a la conducción. Estos sistemas de visualización frontal utilizan una superficie de realidad aumentada sobre la que se proyectan indicaciones visuales y advertencias. El objetivo es claro: eliminar las distracciones que provoca el ruido visual.

Sensores LIDAR hacia la conducción autónoma

Esta recreación en 3D y a tiempo real puede ser el camino hacia la consolidación de la conducción autónoma en la ciudad del futuro. Calles por donde circulen vehículos que interpretan la información del entorno a través de la captación de sus sensores para actuar (y reaccionar) en consonancia con lo que está ocurriendo frente a ellos.

Esta predicción de lo que será la conducción urbana va indiscutiblemente de la mano del desarrollo e implantación de los sensores LIDAR de alto rendimiento. Estos emiten millones de pulsos de luz láser que posibilitan la detección precisa de objetos al analizar el entorno del vehículo en 3D. De esta forma, el coche puede crear un mapa provisional en tiempo real y sin la necesidad de estar conectado a la red.

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El papel del blockchain en la conducción colaborativa

Echemos la vista atrás. Con el software, los fabricantes mejoraron su capacidad de gestión; gracias a internet, aumentó la comunicación entre vehículos; y, ahora, (y en el futuro) con blockchain se incrementará la seguridad, la propiedad y la trazabilidad de las operaciones.

El nuevo ecosistema de movilidad que está emergiendo plantea un terreno ideal para las redes de blockchain. Un concepto que, si bien está más asociado al de las criptomonedas del sector financiero, puede estar comenzando a sembrar su semilla también en el mundo de la automoción. La conducción autónoma puede ser la gran beneficiada de este conglomerado de datos sobre los usuarios de los vehículos, los fabricantes y otros agentes que actúan en la infraestructura viaria. Pero no es la única.

Otra de sus aplicaciones se encuentra en la llamada “economía colaborativa”, que no es más que la antesala del próximo carsharing. Blockchain puede ofrecer una mayor confianza en el modelo de negocio gracias a la gestión autónoma de esta flota de vehículos, aportando una plataforma de registro digital de los coches, sus viajes, datos de conducción y la gestión de pagos. De esta manera, un particular podría poner a disposición de cualquiera su coche en busca de una monetización, con total seguridad sobre las transacciones y el uso que se le da a su vehículo.

Por último, existen iniciativas orientadas a promover las alternativas ecológicas usando la tecnología blockchain, por ejemplo, para compartir el suministro de energía entre particulares de forma descentralizada. Esto –que ya cuenta con una prueba piloto en California– ofrece una gestión más eficiente de los recursos necesarios para los propietarios de vehículos eléctricos gracias a la cadena de bloques.

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Una nueva relación entre el vehículo y el conductor

Tampoco podemos olvidarnos del papel que van a representar los conductores en toda esta historia. El futuro del coche urbano está íntimamente asociado a la relación que va a construir con sus usuarios. El nuevo Hyundai i20 con la plataforma Bluelink ya da muestras de todas las posibilidades que ofrece la tecnología a la hora de interrelacionar al propietario con su vehículo: conocer la autonomía del coche y programar la carga; planificar los trayectos del navegador con antelación; controlar la climatización en remoto; explotar el reconocimiento por voz; gestionar servicios de repostaje, hostelería y aparcamiento a tiempo real en ruta; bloquear y desbloquear a distancia de las puertas… y muchas funcionalidades más.

Pero ¿hacia dónde nos dirigimos? El próximo paso seguramente ya nos lo hayan adelantado los smartphones con los lectores de huellas y el reconocimiento facial. Dos herramientas que, si bien pueden hacer abandonar definitivamente el uso de las llaves, tienen múltiples posibilidades. Entre ellas, la detección de expresiones y movimientos de cabeza que indiquen somnolencia e incluso utilizar la biometría para aumentar la seguridad en el bloqueo del vehículo. En este sentido, cabría destacar también el sensor de ritmo cardiaco. No es más que un sistema de detección de las señales eléctricas del corazón, que puede ser clave a la hora de proteger nuestra seguridad vial ante una posible dolencia cardiaca al volante.

El Hyundai i20 se postula como una gran opción dentro del abanico de los coches urbanos. Siendo ya líder en tecnología del presente y con la ambición de serlo también en la del futuro. Porque su papel en el universo (aún por diseñar) de la smart city es el del protagonista.

Imágenes | Hyundai Media Newsroom iStock metamorworks ipopba